¿Cuáles son los principales conflictos entre inquilino y propietario?

La reparación de electrodomésticos, especialmente de la caldera y  la lavadora, la relación con los vecinos de la comunidad, y los cambios de titularidad de los suministros figuran como los tres principales conflictos que enfrentan a inquilinos y propietarios de un piso en alquiler y que, en Bilbao, llevan, en 15 de cada 100 alquileres, al impago de la renta y, de ahí, y en su caso, a disolver el contrato o, incluso, al desahucio.

Así lo detalla un estudio que hemos elaborado en Arrendamiento 10 sobre los conflictos más habituales entre los propietarios y sus inquilinos, así como sus consecuencias y soluciones. El informe tiene en cuenta una base de 700 alquileres en Bilbao para obtener la lista de los problemas más típicos.  De entrada, el informe señala que se dan conflictos, mayores o menores, en el 99% de los casos. “No quiere decir que siempre estén a la pelea, pero el inquilino y el casero tienen diferentes puntos de vista desde el primer minuto, lo que les lleva a la discrepancia por todo tipo de cuestiones”, señala Igor Godoy, gerente de Arrendamiento 10.

Así, a la cabeza de este listado se encuentran las disputas por los electrodomésticos estropeados y quién debe repararlos. Este asunto copa el 80% de los conflictos. “Las calderas y las lavadoras se llevan la palma; también la nevera u otros electrodomésticos más pequeños, aunque en menor proporción.

Y quién debe hacerse cargo del arreglo, sobre todo si la factura es alta, es el principal caballo de batalla para ambas partes. Aunque no solo en reparaciones “caras”. También en otras más pequeñas, aunque frecuentes y que figuran como fuente de disputa: persianas, cerraduras, puertas de armario, enchufes…

Aquí es donde los expertos abogan por un contrato lo más detallado posible que especifique durante cuánto tiempo se deberá hacer cargo el propietario de las reparaciones, o por qué cantidades. “No es lógico que el inquilino arregle la nevera si lleva un mes en el piso; pero sí si lleva año y medio”, explica Godoy. Al mismo tiempo, las reparaciones menores deberán ser definidas y cuantificadas, para que no existan problemas posteriores, explica.

Ruidos y quejas

Pero no todos los conflictos entre propietario e inquilino son de carácter económico. Así, los enfrentamientos con el vecindario, las quejas por ruidos, música alta, o comportamiento, aparecen en el segundo lugar del listado de disputas entre inquilino y propietario. Es, de hecho,  un conflicto con muchas aristas y de muy diferente índole, pero que acapara un 45% de los problemas. “El vecino se queja al propietario, el propietario a su inquilino; y el problema se alarga en el tiempo”, señala Delgado, acostumbrada a mediar en este conflicto.

La solución, en este caso, pasa por el sentido común. “Si las partes no entran en razón, el conflicto suele terminar cuando se invita a los vecinos a poner la correspondiente denuncia”, expone la asesora inmobiliaria.

Otro de los conflictos más habituales, que ocupa la tercera posición del ranking, pasa por el cambio de titularidad de los diferentes suministros  y el “desfase de de facturación”.  El 40% de las disputas entre inquilino y propietario tienen que ver con las facturas y los periodos de facturación, es decir, qué porcentaje de las facturas de luz, agua, gas…  deben pagar el inquilino y el propietario al acceder por vez primera a la vivienda. “No es lo mismo que el piso haya estado desocupado o con una familia”, explican los expertos inmobiliarios.

A este tipo de problemas les suceden otros conflictos menores, pero que, en ocasiones, también tensan la relación entre inquilinos y propietarios. Así, el estado inicial de la vivienda, la posibilidad de cambiar la pintura, la instalación de nuevos dispositivos en paredes o puertas, entre otros, continúan en el listado de problemas.

La mayoría de estos conflictos, según el informe inmobiliario, se resuelven en un periodo de dos semanas de media. El 85% de los casos llegan a buen puerto, de este modo, después de que las partes se pongan de acuerdo. Sin embargo, un 15% de las disputas acaban mal, llegan, cuando menos, al impago de la renta y, si este se alarga, a la disolución e, incluso, al desahucio.

Los expertos, de hecho, advierten que detrás de muchos de los conflictos con el arrendador por reparaciones u otros problemas se esconden argucias para evitar pagar la renta y permanecer en el piso el mayor tiempo posible. “Un inquilino puede exigir que se le arregle algo y eso le sirve como excusa para no pagar el alquiler”·, señala Godoy.

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